El Santo Rosario es sencillo y accesible para todos; centrado en Cristo, donde María nos lleva de la mano a contemplar los misterios de la vida de Nuestro Salvador Jesucristo.
Es un arma en el combate espiritual y un poderoso auxilio que nos ayuda a crecer en las virtudes cristianas, nos acompaña y sostiene en la alegría, la dificultad, la duda, y fortalece cada día nuestra fe.
El Ave María se repite porque, en palabras del Santo Padre León XIV (Homilía en Pompeya, mayo 8, 2026.) “...es como el eco del saludo de Gabriel, un eco que trasciende los siglos y guía la mirada del creyente hacia Jesús, visto a través de los ojos y el corazón de la Madre.”
Cada vez que rezamos el Ave María celebramos el misterio de la Encarnación: el Hijo de Dios se hizo hombre en el seno de María por obra del Espíritu Santo.
La voz de la Palabra de Dios, que alaba su obra en María.
Dios te salve, María,llena eres de gracia,el Señor es contigo. (Lc 1,28)
María, llena de gracia desde su concepción, es bendita entre todas las mujeres.
Bendita tú eres entre todas las mujeres,y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.(Lc 1,42)
La voz de la Iglesia que pide su intercesión por nosotros y por el mundo.
Santa María, Madre de Dios,ruega por nosotros, pecadores,ahora y en la hora de nuestra muerte.Amén.